Inducción Miofascial

La inducción miofascial es un método de evaluación y de tratamiento tridimensional, donde el fisioterapeuta utiliza suaves estiramientos, presiones sostenidas y un posicionamiento especial para lograr cambios en el desenvolvimiento mecánico del cuerpo y así aliviar el dolor como también recuperar la función corporal alterada.

Los tratamientos son individuales y pueden tener una duración entre veinte minutos y una hora. Generalmente se aplican entre una y tres veces por semana dependiendo del tipo, la antigüedad y severidad de la patología tratada.

Numerosas dolencias son tratadas con éxito a través de la terapia miofascial, en general todas aquellas que afectan al aparato locomotor. Entre ellas cabe destacar: lumbalgia, lumbociática, cervicalgia, dorsalgia, tendinopatías de hombro, latigazo cervical, cefalea, epicondilitis, fibromialgia, cicatrices, disfunciones temporomandibulares, fascitis plantar…

La fascia

La estructura diana de la terapia miofascial es la fascia, que consiste en una membrana fibrosa de tejido conectivo que envuelve todas las estructuras de nuestro cuerpo (músculos, huesos, articulaciones y órganos).

Las funciones de la fascia son múltiples:

  • Dar forma a las estructuras que envuelve.
  • Organizar y separar, dando autonomía a cada músculo o víscera.
  • Proteger la estructura que envuelve.
  • Vehiculizar estructuras vasculares, linfáticas y nerviosas.
  • Permitir el deslizamiento de músculos y vísceras para su correcta movilidad.
  • Establecer relaciones espaciales.
  • Transmitir el movimiento.
  • Formar adherencias y tejido de cicatrización.

Además de estas y otras funciones, la fascia forma una ininterrumpida red que, de diferentes modos, controla todos los componentes de nuestro cuerpo. Esta naturaleza de la fascia consiste en que todo en el cuerpo está conectado con el resto y cuando una parte de la fascia queda dañada puede afectar tejidos que están muy alejados del original sitio de la lesión. La presencia de restricciones del sistema fascial y de su estructura interna crea "incomodidades" que interfieren en el funcionamiento apropiado de todos los sistemas corporales. El sistema fascial puede encontrarse en una excesiva tensión o puede estar demasiado distendido; en ambas situaciones, la función corporal queda afectada. Este sistema debiera encontrarse en un equilibrio funcional para asegurarle al cuerpo el desarrollo óptimo en sus tareas.

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